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Rescate en la Profundidad

Andrés Palladino Sisto

El accidente ocurrió el segundo día de nuestra expedición al sistema Hoyos de Río Grande en Oaxaca. Éramos un equipo de seis espeleólogos experimentados explorando una nueva rama del sistema a -180 metros de profundidad cuando Carlos resbaló en una cascada interna y se fracturó el tobillo.

Estábamos en la zona técnica más complicada de la cueva: pozos consecutivos que requerían técnicas de cuerdas avanzadas para el descenso y ascenso. Con Carlos inmobilizado, teníamos que improvisar un rescate que normalmente requeriría equipos especializados de superficie.

Lo primero fue estabilizar a Carlos y hacer una valoración médica completa con nuestro equipo básico de primeros auxilios. Su tobillo estaba claramente fracturado, pero no había señales de trauma interno. El problema real era sacarlo de un pozo de 40 metros con múltiples repisas y restricciones.

Mientras Elena y Miguel permanecían con Carlos proporcionando cuidados y calor corporal, el resto del equipo comenzamos a preparar el sistema de rescate. Usamos nuestras cuerdas dinámicas y estáticas para crear un sistema de poleas que nos permitiera subir a Carlos de manera controlada.

La operación tomó 14 horas. Cada pozo requería un montaje complejo de anclajes y sistemas de desviación para evitar que Carlos golpeara las paredes rocosas. En el pozo principal de 40 metros, tuvimos que crear tres puntos de desviación intermedios y usar un sistema de contrapeso humano.

Lo más crítico fue mantener la comunicación constante. Con Carlos sedado con los analgésicos que llevábamos, dependíamos completamente de la coordinación del equipo. Cada maniobra requería confirmación verbal antes de ejecutarse.

En el pozo más técnico, a -120 metros, Carlos se enganchó en una repisa. Miguel tuvo que descender en paralelo para liberarlo mientras el resto manteníamos la tensión del sistema. Fueron los 45 minutos más largos de mi vida espeleológica.

Finalmente, después de casi 15 horas, emergimos a la superficie. El helicóptero de rescate nos esperaba - habíamos logrado comunicarnos con superficie usando un teléfono satelital desde una sala intermedia.

Carlos se recuperó completamente después de tres meses. Esa experiencia cambió mi perspectiva sobre la espeleología. Aprendí que el equipo más importante que puedes llevar a una cueva no es técnico, sino humano. La confianza, comunicación y trabajo en equipo son las herramientas que realmente te salvan la vida bajo tierra.

Ahora, cada expedición incluye entrenamientos específicos de rescate y protocolos de emergencia detallados. Porque en las profundidades, somos lo único que tenemos.

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