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Dominando las Técnicas Verticales

Andrés Palladino Sisto

Mi primera vez en el Sótano de las Golondrinas fue humillante. Era 2016, llevaba apenas un año practicando espeleología, y pensé que estaba preparado para uno de los pozos más famosos del mundo. Me equivoqué completamente.

El Sótano, con sus 376 metros de caída libre desde la boca hasta el fondo, no es técnicamente el más difícil, pero es el más intimidante. Cuando te asomas al borde y ves las golondrinas volando en círculos a 100 metros por debajo de ti, entiendes la verdadera escala de lo que estás enfrentando.

Mi primera bajada fue un desastre técnico. Usé un descendedor demasiado rápido, mis cuerdas se calentaron peligrosamente por la fricción, y llegué al fondo con las manos entumecidas y los antebrazos ardiendo. Peor aún, el ascenso me tomó casi 4 horas cuando debería haber sido 2.

Ese fracaso me motivó a entrenar seriamente. Pasé meses perfeccionando mis técnicas en pozos menores, trabajando en gimnasios de escalada, y sobre todo, aprendiendo de espeleólogos veteranos que habían dominado estas técnicas durante décadas.

Aprendí que la espeleología vertical no es sobre fuerza bruta, sino sobre eficiencia y técnica. El sistema SRT (Single Rope Technique) requiere una coordinación perfecta entre ascensores, descendedores, y el movimiento corporal. Cada gesto debe ser económico y preciso.

El momento de verdad llegó un año después cuando regresé al Sótano como parte de una expedición de mapeo. Esta vez llevaba equipo perfeccionado: cuerdas estáticas de 10.5mm, ascensores Petzl calibrados, y un sistema de descenso que podía controlar perfectamente en caídas largas.

Pero el Sótano tenía una sorpresa. A medio camino del descenso, a unos 180 metros, encontré una galería lateral que no aparecía en ningún mapa. Era un pasaje horizontal que se adentraba en la pared del pozo principal.

Explorar esa galería requirió técnicas avanzadas de desviación. Tuve que crear anclajes temporales en la pared del pozo para acceder al pasaje sin quedar colgado en el vacío. Usé friends de escalada y técnicas de aid climbing adaptadas para espeleología.

La galería me llevó a una sala espectacular de 40 metros de diámetro con un lago subterráneo. Más importante aún, encontré evidencia de que el sistema continuaba: corrientes de aire y el sonido de agua corriente sugería conexiones más profundas.

Ese descubrimiento me enseñó que incluso las cuevas más estudiadas pueden guardar secretos. Las técnicas verticales no son solo para bajar y subir, sino herramientas para acceder a espacios que parecen imposibles de alcanzar.

Desde entonces, he aplicado estas técnicas en sistemas verticales en España, Francia y otros sitios de México. Cada pozo requiere adaptaciones específicas: el viento en pozos profundos, la temperatura en cuevas de hielo, la humedad en sistemas tropicales.

La espeleología vertical me ha enseñado que la preparación técnica es fundamental, pero la preparación mental es igual de importante. A 200 metros bajo tierra, colgando de una cuerda, tu confianza en tu equipo y tus habilidades es lo que te permite disfrutar de la experiencia en lugar de simplemente sobrevivirla.

Hoy, cuando entreno a nuevos espeleólogos, siempre enfatizo que las técnicas verticales no son un fin en sí mismo, sino medios para acceder a los tesoros que se esconden en las profundidades de nuestro planeta.

Cuento - Andrés Palladino Sisto | Andrés Palladino Sisto - Espeleólogo